Tag Archive: Jesus

Apr
18

Y digo yo…

Fernando Jiménez del OsoHola estimad@s lector@s. Les traigo hoy un editorial acorde a estas fechas de semana y contrario a mi costumbre en este sitio donde casi la entera totalidad (la redundancia es a propósito) del contenido es de mi autoría o al menos de personas muy cercanas a mi, esta vez publicare algo de -en paz descansa (si, descansa, de eso no me cabe duda)- Fernando Jiménez del Oso, un psiquiatra y periodista español que publico los siguientes párrafos en mayo de 2004.

Disculpas pido por adelantado que resulte blasfemo un cristo fumando y llamarle Dios a él, especialmente en estos días, pero no perdamos de vista de que el autor no deseaba enseñar religión si no sentido común y esperemos que ello no impida sacar la moraleja de la historia y las verdades como que el sistema de cosas actual, es decir, este mundo es como es por lo que hacemos los humanos, es nuestro y es como es por nosotros y no porque así lo allá diseñado Dios, y también como es que el mundo se acuerda de Jesús en estas fechas como el crucificado he ignora las enseñanzas provechosas que dio, regodearse en las tradiciones y olvidarse del porque la muerte de Jesús era parte del plan para redimirnos, y desaprovechamos la oportunidad.

Y digo yo….

Mis sentimientos eran tan profundos, que creí más adecuado hundirme en las entrañas de la Tierra que irme a la isla desierta donde suelo refugiarme. Sé de algunas cuevas olvidadas que nadie visita, suficientemente confortables tras un poco invitador primer tramo, y elegí la más lejana. No aburriré al lector describiéndole los preparativos; baste decir que iba suficientemente preparado para afrontar una larga estancia, si es que la digestión de mis amargos pensamientos así lo exigía.

Dirigí una última mirada al paisaje a modo de despedida y, apartando los matorrales que casi ocultaban la entrada, penetré decidido en la caverna. Al cabo de media hora de andar a gatas, llegué a una amplia sala de la que pendían gruesas y acarameladas estalactitas. Era tan grande que la luz de mi linterna no llegaba a iluminar las paredes, pero el suelo de blanda tierra y una pequeña laguna de agua cristalina me decidieron a instalarme allí. Las paredes de mi estancia serían las sombras; lo que hubiese más allá me daba igual. Estaba sacando las cosas de la mochila y disponiéndolas ordenadamente, cuando un leve carraspeo reclamó mi atención. Estaba claro que el ruido procedía de una garganta humana y no de un animal, y que su tono era el de alguien que, educadamente, me daba a entender que no estaba solo. Más molesto que sorprendido, caminé en esa dirección mirando bien donde pisaba. Estaba más cerca de lo que pensé en un primer momento, sentado indolentemente en el suelo y sin equipaje alguno, aunque bien podía tenerlo en cualquier rincón fuera de mi vista. Llevaba una amplia túnica blanca, insólitamente limpia, y, a primera vista, con su cabello largo y su barba rala, recordaba a un hippy de los años sesenta. Me miró amistosamente y, sin decir palabra, me ofreció un pitillo. Lo acepté y, sentándome a su lado, fumamos en silencio. Al fin, su voz se dejó oír.
–¿Qué, huyendo del mundo?
“No”, le respondí. A cambio, le hice una pregunta que estaba conteniendo desde que le vi.
–¿Tú eres Jesús?
“No se te escapa una”, contestó sonriendo.
–¿Y que haces aquí, metido en una cueva?
–Lo mismo que tú.
–Pero yo soy un humano corriente, abrumado por lo que pasa ahí fuera. Si busco la soledad es para tomarme un respiro; lo mío es una dimisión temporal.

Me quedé mirándole un instante, asustado por lo que se me acababa de ocurrir.
–¡No me digas que tú también has dimitido…!
–Pues sí, he dimitido, aunque temporalmente, como tú.
–¡Pero si dimites y, como dicen, eres Dios, esto va a ser un caos!
–¿Y cuándo no ha sido un caos? Este mundo es vuestro. Se os dio en su momento, y lo que hagáis con él es cosa vuestra también. Yo dije lo que tenía que decir… y me crucificasteis, que mira que sois bestias. Por eso estoy aquí.
“¿Estás resentido? La verdad es que no me extraña”, comenté comprensivo.
–No, hombre, no. Eso era parte del guión: un final suficientemente dramático para que ni yo ni mi mensaje pasáramos desapercibidos. Ese es el problema, que pasáis del mensaje y, en cambio, habéis hecho un circo con lo de mi pasión. Cada año por Semana Santa me escondo en una cueva; todo ese “fervor popular” lacrimógeno y morboso, las imágenes sangrantes, la exhibición del dolor y del sufrimiento para mover conciencias durante unos días y al mensaje que le den morcilla; me produce vergüenza ajena. Y este año, con la película esa de Mel Gibson, para que te voy a contar; no salgo de la cueva hasta el verano.

No supe qué decir, así que me callé y esa vez fui yo el que ofreció tabaco.

F. Jiménez del Oso

Apr
14

14 de Nisán, después de la puesta del Sol

El próximo domingo será la conmemoración de la ultima cena de Jesús con los apóstoles antes de cumplir con el final de su misión de rescate por la humanidad. Cena en la que Jesús pidió que este hecho fuera conmemorado, como planeo hacer el este fin de semana y los invito a ustedes amables lector@s a recordar el verdadero significado de estos días santos que ya tenemos encima y  aunque no sean creyentes ni religiosos, cosa entendible en este mundo donde los lideres de las iglesias suelen ser más bien malos ejemplos que personas admirables, creo que es mejor recordar al maestro Jesús quien fue humilde en su época y se sacrifico por nosotros en lugar de servirse de nosotros.

Jesús lava los pies de sus discípulos

Una delicada penumbra envuelve Jerusalén al atardecer, cuando la luna llena empieza a elevarse por encima del monte de los Olivos. En un cuarto grande amueblado, Jesús y los doce están reclinados a una mesa preparada. “En gran manera he deseado comer con ustedes esta pascua antes que sufra”, dice Jesús (Lucas 22:14, 15). Después de un rato, a los apóstoles les sorprende verlo levantarse y poner a un lado sus prendas exteriores. Toma una toalla y una palangana con agua y se pone a lavarles los pies. ¡Qué lección más inolvidable de servicio humilde! (Juan 13:2-15.)

Sin embargo, Jesús sabe que uno de estos hombres, Judas Iscariote, ya ha quedado en traicionarlo a los guías religiosos. Como es comprensible, se aflige mucho. “Uno de ustedes me traicionará”, revela. Los apóstoles se contristan mucho por ello (Mateo 26:21, 22). Después de la celebración de la Pascua, Jesús dice a Judas: “Lo que haces, hazlo más pronto” (Juan 13:27).

Una vez que Judas se ha ido, Jesús instituye una cena para conmemorar su inminente muerte. Toma un pan sin levadura, ofrece una oración de gracias, lo parte y dice a los once que coman de él. “Esto significa mi cuerpo —dice— que ha de ser dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí.” Entonces toma una copa de vino tinto y, después de decir una bendición, se la pasa a ellos y les dice que beban de ella. Luego agrega: “Esto significa mi ‘sangre del pacto’, que ha de ser derramada a favor de muchos para perdón de pecados” (Lucas 22:19, 20; Mateo 26:26-28).

Esa noche trascendental, Jesús enseña a sus apóstoles fieles muchas lecciones valiosas, entre ellas la importancia del amor fraternal (Juan 13:34, 35). Les asegura que recibirán un “ayudante”, el espíritu santo, el cual les hará recordar todas las cosas que él les ha dicho (Juan 14:26). Más tarde esa misma noche, sin duda se sienten muy animados al escuchar a Jesús orar por ellos con devoción (Juan, cap. 17). Después de entonar canciones de alabanza, salen del cuarto superior y siguen a Jesús en aquella noche fresca y ya avanzada.

Jesús ora encarecidamente a Dios

Jesús y sus apóstoles cruzan el valle de Cedrón rumbo a uno de sus lugares preferidos, el jardín de Getsemaní (Juan 18:1, 2). Mientras los apóstoles esperan, Jesús se aleja un poco a fin de orar. No puede describirse con palabras la tensión emocional que siente al elevar a Dios una encarecida petición de ayuda (Lucas 22:44). Le es sumamente angustiante tan solo pensar en el oprobio que acarrearía a su amado Padre celestial si fallara.

Casi inmediatamente después de que Jesús concluye su oración, llega Judas Iscariote acompañado de una muchedumbre que lleva espadas, garrotes y antorchas. “¡Buenos días, Rabí!”, dice Judas, besándolo tiernamente. Esta es la señal para que los hombres arresten a Jesús. De pronto, Pedro empuña la espada y le corta una oreja al esclavo del sumo sacerdote. “Vuelve tu espada a su lugar —dice Jesús mientras sana la oreja del hombre—, [...] todos los que toman la espada perecerán por la espada.” (Mateo 26:47-52.)

Jesús enfrenta cargos por blasfemia

¡Todo sucede con tanta rapidez! Se arresta y se ata a Jesús. Los apóstoles, temerosos y confundidos, abandonan a su Amo y huyen. A Jesús se le lleva ante Anás, el anterior sumo sacerdote, y luego ante Caifás, el sumo sacerdote actual, para someterlo a juicio. A primeras horas de la mañana, el Sanedrín presenta falsos cargos de blasfemia contra Jesús. Luego Caifás hace que lo lleven ante el gobernador romano Poncio Pilato. Este lo envía a Herodes Antipas, el gobernante de Galilea, quien, junto con sus guardias, se burla de él y lo envía nuevamente a Pilato. Este confirma su inocencia, pero los caudillos religiosos lo presionan para que condene a Jesús a muerte. Después de someterlo a mucho maltrato verbal y físico, llevan a Jesús al Gólgota, donde se le clava sin misericordia a un madero de tormento, en el cual sufre una muerte sumamente dolorosa (Marcos 14:50–15:39; Lucas 23:4-25).

Esta habría sido la mayor tragedia de la historia si la muerte de Jesús hubiera puesto fin permanente a su vida. Felizmente, tal no fue el caso. El 16 de Nisán de 33 E.C., sus discípulos quedaron atónitos al descubrir que se le había levantado de entre los muertos. Con el tiempo, más de quinientas personas comprobaron que estaba vivo de nuevo. Además, transcurridos cuarenta días a partir de su resurrección, un grupo de seguidores fieles lo vio ascender al cielo (Hechos 1:9-11; 1 Corintios 15:3-8).

La vida de Jesús y usted

¿Qué incidencia tienen en usted y, de hecho, en todos nosotros, estos sucesos? Pues bien, el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús ensalzan a Jehová Dios y son fundamentales en el desenvolvimiento de su gran propósito (Colosenses 1:18-20). Son de vital importancia para nosotros, ya que, sobre la base del sacrificio de Jesús, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y, por consiguiente, disfrutar de una relación personal con Jehová Dios (Juan 14:6; 1 Juan 2:1, 2).

Hasta los muertos reciben beneficios. La resurrección de Jesús hace posible que se les traiga de nuevo a la vida en el prometido Paraíso terrenal de Dios (Lucas 23:39-43; 1 Corintios 15:20-22). Si usted desea saber más acerca de tales asuntos, lo invitamos a asistir a la Conmemoración de la muerte de Cristo el 17 de abril de 2011, en un Salón del Reino de los Testigos de Jehová de su localidad.

Fuente: Watchtower

Mar
30

14 de Nisán, después de la puesta del Sol

JesusEsta noche hay luna llena, es el 14 de Nisán en el calendario lunar judio, un día como hoy hace unos dos mil años al atardecer en Jerusalén, cuando la luna llena empieza a elevarse por encima del monte de los Olivos. En un cuarto grande amueblado, Jesús y los doce están reclinados a una mesa preparada. “En gran manera he deseado comer con ustedes esta pascua antes que sufra”, dice Jesús (Lucas 22:14, 15). Sin embargo, Jesús sabe que uno de estos hombres, Judas Iscariote, ya ha quedado en traicionarlo a los guías religiosos. Como es comprensible, se aflige mucho. “Uno de ustedes me traicionará”, revela. Los apóstoles se contristan mucho por ello (Mateo 26:21, 22). Después de la celebración de la Pascua, Jesús dice a Judas: “Lo que haces, hazlo más pronto” (Juan 13:27).

Una vez que Judas se ha ido, Jesús instituye una cena para conmemorar su inminente muerte. Toma un pan sin levadura, ofrece una oración de gracias, lo parte y dice a los once que coman de él. “Esto significa mi cuerpo —dice— que ha de ser dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí.” Entonces toma una copa de vino tinto y, después de decir una bendición, se la pasa a ellos y les dice que beban de ella. Luego agrega: “Esto significa mi ‘sangre del pacto’, que ha de ser derramada a favor de muchos para perdón de pecados” (Lucas 22:19, 20; Mateo 26:26-28).

Esa noche trascendental, Jesús enseña a sus apóstoles fieles muchas lecciones valiosas, entre ellas la importancia del amor fraternal (Juan 13:34, 35). Les asegura que recibirán un “ayudante”, el espíritu santo, el cual les hará recordar todas las cosas que él les ha dicho (Juan 14:26).

Jesús y sus apóstoles cruzan el valle de Cedrón rumbo a uno de sus lugares preferidos, el jardín de Getsemaní (Juan 18:1, 2). Mientras los apóstoles esperan, Jesús se aleja un poco a fin de orar. Le es sumamente angustiante tan solo pensar en el oprobio que acarrearía a su amado Padre celestial si fallara.

Casi inmediatamente después de que Jesús concluye su oración, llega Judas Iscariote acompañado de una muchedumbre que lleva espadas, garrotes y antorchas. “¡Buenos días, Rabí!”, dice Judas, besándolo tiernamente. Esta es la señal para que los hombres arresten a Jesús. Jesús enfrenta cargos por blasfemia.

Pues bien, hoy dentro de unas horas asistiré a la conmemoración de estos hechos, ¿Y ustedes hacen algo en especial en estos días?

Cool JesusMás información en la Watchtower ¡Paz hermanos!